domingo, febrero 08, 2009

beholder

Hace unos días tuve un sueño que me dejó una sensación de profunda introspección. Todo lo que veía estaba en alto contraste, blanco y negro, como un comic sacado en rotoscopía... es difícil describirlo con palabras así que uno de estos días trataré de dibujarlo. Parte de lo impactante del sueño era esta forma en la que las imágenes se sucedían frente a mi, otra de las partes era el protagonista del sueño, era yo, pero no yo ahora, sino yo cuando tenía 6 años.

Sucedieron muchas cosas en el sueño, pero tengo una imágen en especial muy presente y vívida en la cabeza, era yo, visto a unos 45 grados desde arriba, estaba parado a la orilla de un risco del cual no se veía el fondo, parado con los pies juntos, las manos tomadas detrás a la altura de la cintura, los ojos cerrados... parecía estar contemplando el paisaje, pero sin abrir los ojos, de hecho el sueño trataba de mi tercer ojo, y eso me daba a entender la escena.

Frente a mi, en el vacío que seguía al risco, no distinguía las imágenes que aparecían y desaparecían, pasaban de un lado a otro a gran velocidad, todo en blanco y negro, recuerdo uno que otro ojo, tal vez unos colmillos, un collar de perro, risas y gritos; todo en una danza frenética frente al yo que actuaba de observador, y frente al yo de seis años con los ojos cerrados. Hubo una escena en la que veía mi rostro de frente [por eso supe de los ojos, la otra escena era desde arriba/atrás de mi], me sorprendí de verme tan tranquilo, tan pequeño de edad y tan tranquilo, no tenía expresión de miedo, era más bien de tranquilidad, con el caos que tenía al frente, me hacía pensar que miraba todo desde otra perspectiva.

Y cuando desperté, recordé cuando eramos niños y mi hermana ponía su dedo cerca de mi frente, yo con los ojos cerrados, y yo podía decir cuando estaba cerca y cuando no; no fallaba, lo sentía... lo veía...

Lloré al recordar eso, que algún día mi tercer ojo estuvo abierto, y yo lo sentía tan natural que jugaba con él... y ahora que siento que mi niñéz se acabó a los 7 años, he llorado un poco más por mi, siempre con la mente fija en abrir de nuevo ese ojo, en regresar a la visión que tuve de niño, a alejarme de los vicios que he aprendido de la sociedad, el miedo, la envidia, el deber, el establishment.

Todo lo que se ve es una construcción mental, todo es falso, todo es frágil, todo es momentáneo...

Love & Respect
Marco.

1 comentario:

una calaca dijo...

... si la niñez pudiera regresar...